¿Estudias o trabajas?

Según la Declaración Universal de los Derechos Humanos “toda persona tiene derecho a la Educación”. No obstante, en estudios de mayor grado, también son mayores las tasas a pagar. La universidad, como servicio público, debe de ser accesible a cualquier ciudadano, pero esto no siempre ocurre: muchas familias reniegan de este tipo de estudios por no poder hacerse cargo de los gastos. De los que consiguen llegar a una carrera universitaria, muchos deciden trabajar para ayudar –no solo a su familia– sino a su propio futuro. En el caso de España esta situación se agravó cuando comenzó en 2008 con el inicio de la crisis y todavía perdura.

 

Esta situación la ha vivido de cerca Naia Carlos, estudiante de Filología Hispánica  en la Universidad del País Vasco en el campus de Álava. A pesar de no estar en una situación económica delicada, decidió buscar trabajo para ayudar a su familia a costear sus estudios y obtener ingresos extra. “Busqué trabajo en todo tipo de sitios: yendo a tiendas de ropa, por internet…” comenta la estudiante. No fue hasta enero de 2016 –llevaba buscando trabajo desde inicios del curso– cuando le llamaron de Cex, una tienda de compra y venta de videojuegos y consolas usadas, diciéndole que le habían aceptado.

 

Según Lambide, en País Vasco 9.662 personas se encuentran en la misma situación que Naia, de las cuales poco más del 50% consiguen un empleo. Esta situación ha evolucionado desde 2007, momentos antes de la crisis, ya que tan solo había 6.236 estudiantes demandantes de empleo. La recesión económica, junto al aumento unánime del precio de las matrículas, parecen ser los dos grandes factores que han propiciado esta situación.

 

“Lo que falla es que la propia universidad no crea empleo”, opina Naia. Esta situación no es utópica, ya que en universidades como la de Gandía o Murcia esta práctica lleva en funcionamiento desde hace años. Las facultades contratan a alumnos –especialmente en épocas festivas– para realizar labores de bibliotecario, camarero… “Además se conseguiría que cuando acabásemos la carrera no aprendiésemos solo a estudiar, sino también a trabajar”, añade.

 

Compatibilidad de horarios

Otra situación similar, aunque con sus diferencias, es la de Bernardo Martínez, estudiante de Periodismo en Leioa. Su caso es más significativo, ya que él ha necesitado trabajar para poder pagar la matrícula universitaria. No obstante, la Universidad del País Vasco, es una de las más baratas del estado español, costando entre 844 y 1.190 euros. La situación se encarece a medida que pasan los años, ya que cada curso resulta más caro. Por no hablar si eres repetidor, ya que en este caso la UPV incrementa hasta un 30% los precios de las matrículas. Por ese motivo el número de estudiantes demandantes de empleo va aumentando. “Trabajar y estudiar muchas veces son compatibles, pero depende mucho de los horarios”, explica Bernardo, ya que a principios de año tuvo que dejar el trabajo en un famoso local de comida rápida, debido al poco tiempo que tenía para dedicar a los estudios. Aquí entra el juego de la “explotación” a los estudiantes o a aquellos que por muy poco se conforman.

 

Ambos coinciden en que el empleo en la época de estudiante es factible, siempre y cuando los horarios sean flexibles y se amolden no solo al trabajador sin también a la empresa. “Un día se supone que tenía que entrar a las seis de la tarde, pero en último momento me avisaron que entraba a las dos, coincidiéndome con el horario de clases” sentencia el estudiante de Periodismo. Naia, por otro lado confiase que “muchas veces te pintan que el horario es perfectamente compatible con el de la universidad, pero a última hora siempre te cambian algo y tienes que perderte alguna clase”.

 

Según un estudio de una doctora de la Universidad de Washington, Katherin Monaham, “los estudiantes que trabajan más de 20 horas semanales tienden a participar menos en clase y a tener menor rendimiento académico; el estrés y la fatiga reducen la concentración, la atención y la memoria”. Por otro lado, el estudio también detectó una mayor tendencia a consumir drogas.

 

No todo es malo

            Esta situación también tiene aspectos positivos. Según el psicólogo madrileño Enrique García Huete “los estudiantes que trabajan tienen más autonomía y más independencia , lo que eleva la autoestima. Además tienen más responsabilidad, se demuestra en los que están trabajando para poder ayudar a pagar los estudios. Todo esto hace también que sean jóvenes con más probabilidades de alcanzar sus metas”. Por otro lado añade que aquellos que están realizando prácticas o tienen un trabajo relacionado con la carrera que están estudiando suelen concentrarse mejor en horas lectivas.

 

El caso de Adrián Nogales es algo diferente a las anteriores. Él, estudiante de Comunicación Audiovisual, ha optado por remunerar su hobby: la magia. A través de espectáculos y otros eventos que organiza, va cubriendo los gastos que puedan surgirle, como impresiones, materiales, transporte etc. Mientras alivia los costes de la matrícula que han asumido sus padres. “Había unas necesidades tangibles como comprar una cámara, objetivos, tener varios discos duros… y todo esto me lo he ido subvencionando gracias a la magia”, comenta al respecto.

 

Sin duda alguna esta situación es dada por la delicada situación en la que nos encontramos. No obstante, las nuevas tendencias parecen apuntar a que irá a mejor. El número de estudiantes universitarios aumenta además de las posibilidades para encontrar trabajo. Pero esto no irá a mejor hasta que los gobiernos y las universidades pongan de su parte, acabando con las subidas o las congelaciones en los precios de las matrículas. Por otro lado la compatibilidad entre el trabajo y los estudios es perfectamente plausible, siempre y cuando los horarios no se solapen entre ellos.